LOS SONÁMBULOS: DEL “TAPADO” SEGÚN GARIBAY

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Por Jesús Delgado Guerrero

La cultura del viejo régimen es invencible: la sucesoria simulación. Ya Luis Spota (Palabras Mayores) describió el juego perverso que somete incluso a tortura sicológica a los involucrados. 

Con todo y los “vientos democráticos”, maquillaje para el capitalismo depredador y sin controles, el viejo partido da cuenta del ritual que lo ha significado: la designación del probable sucesor mediante la estrategia del “tapado”. Estatutos, candados, todo un cuento para eso.

El Estado de México fue ejemplo de la arraigada convicción por el timo democrático al imponer el primo (Alfredo del Mazo III) y así rendir culto al nepotismo de Isidro Fabela a cualquier precio.

Sugerir que las bases, el consejo u otro órgano al interior del PRI va a elegir “democráticamente” al candidato supera cualquier candor. Que las élites del poder económico, fusionadas con el político o éste sometido a aquellas, autoricen la “selección” es otra cosa pues está visto que en economía da igual izquierda o derecha, siempre que se garantice la continuación del actual sistema económico depredador.

Entonces, siguiendo el consejo del literato y sacerdote Ángel María Garibay  Kintana (nativo de Tenancingo y quien conoció bien los aires mexiquenses), hay que evitar el insomnio con ejercicios inútiles de adivinanzas sobre el “tapado”, un término del cual el también historiador dejó de lado “la raíz en su oscuridad” porque los “etimologistas no se ponen de acuerdo” y siempre andan a las contras (“En torno al español hablado en México”).

Así, este humanista mejor refirió, un 12 de agosto de 1957 (hace 60 años), que “tapado” era un guiso de maravilloso sabor, con un pollo gordo cocido a la ligera, acompañado de manzanas, plátanos, piña -rebanadas y en crudo-. Primero la carne tapada con frutas. “Cocido a fuego lento. ¡Buen tapado es este de verdad! ¡Si así nos resultara el que estamos esperando!”.

También, que “el tapado” es una pelea de gallos “sin haberse hecho el cotejo acostumbrado entre el peso, tamaño y calidad de cada luchador. Es una buena forma forma de juego, pero bastante expuesta, por las sorpresas que proporciona”, y donde “casi siempre uno de los que lo echan lleva ventaja al otro”.

Las “divagaciones” del filósofo lo llevaron al rock and roll, lamentándose de que éste hubiera casi eliminado el ritual del final de los bailes locales, “correlativo a la copa del estribo de nuestros rancheros. Esta pieza se llamaba “el tapado”. Y se preguntaba: ¿Bailará México su danzón, o su zarabanda?

De los tesoros enterrados a los billetes de lotería, pasando por las prendas “elegantes y misteriosas” de las abuelas como referentes de “tapado”, Garibay Kintana concluye con una especie de maldición transexenal:

“Tapado llamábamos en la escuela al “muchacho que no sacaba al puerco de la milpa. El ignorante, el zafio, el que nada conoce y a nada hace atención es el más ruin de los tapados. ¡Que nos vaya saliendo así el que esperamos!”.

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