LOS SONÁMBULOS: DE ALGO MÁS QUE UN “MAL RATO”

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Por Jesús Delgado Guerrero

Asegura el doctor en matemáticas e historiador de las mismas, el británico  Ian Stewart, que éstas comenzaron con los números y que éstos siguen siendo fundamentales pues los encontramos en todo, incluso en el arte, cuantimás en el comercio, la industria, etc.

Si se pudiera contabilizar tinta y espacio de todos los horizontes promisorios, esos futuros producto de la bienaventuranza profetizada por los centros de predicación del capitalismo neoliberal y sus curas de 1982 a la fecha, es decir, durante cerca de 35 años, se tendría que resumir diciendo que todo ha sido parte de una broma macabra de algo mas que “un mal rato”, sinónimo  ahora de “condolencias”, según la apesadumbrada desvergüenza oficial.

Puesto que los números pueden confirmar la más inverecunda postura gubernamental, el acumulado de más de 56 millones de pobres supera cualquier teología optimista ahora que, por mera casualidad, se comienzan a descubrir considerables yacimientos petroleros, una vez que la tecnocracia neoliberal hizo lo necesario para la entrega de los recursos energéticos.

Eso resume el “mal rato” social, pero a esto hay que sumar la escandalosa deuda cercana al 50 por ciento del PIB, sin que ninguno de los más de 112 millones de mexicanos pueda presumir de haber cruzado la frontera de la miseria, menos de formar parte del “1 por ciento” que detenta la riqueza nacional.

A eso hay que agregar que de los episodios casi románticos de Chucho el Roto, salteador de caminos y ladrón con “responsabilidad social”, se pasó al crimen organizado institucional, donde los mismo gendarmes, alcaldes, gobernadores, “inversionistas” y otros de las altas esferas, están asociados con la supuestas lacras sociales que, como han establecido observadores del fenómeno, no se explicarían sin todo el aparato gubernamental.

Claro que dentro de toda la estupidez reinante, no falta el que diga que se trata de raterillos de tendedero, viles “narcomenudistas”, pero no integrantes de ningún cártel de la delincuencia organizada, como sucedió en la Ciudad de México recientemente.

Tampoco falta el encubrimiento de otros tipos con antifaz que, pasados por respetables hombres de negocios, inversionistas y demás, estén especulando con la moneda nacional, ya subiéndola o bajándola, organizando cárteles para manipular los bonos de deuda pública o, para exponerse menos, evadir al fisco y llevarse su dinero a los paraísos fiscales.

En este “mal rato” debe contabilizarse también la precaria situación laboral actual, ahora que el gobierno presume que todo marcha viento en popa y que felizmente ahora miles ya son ex desempleados, amén de los salarios de miseria que nada tienen que ver con los empleos de clase mundial que inundaron espacios mediáticos.

Lo peor: el desmoronamiento de toda “autoridad” y, en suma (para no olvidar la matemática), muchos “malos ratos”.

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