LOS SONÁMBULOS: DE LA SEMÁNTICA DEL HUECO

Por Jesús Delgado Guerrero

Representantes de la necedad y la estulticia, hay agujeros que, como diría Mario Benedetti, no esconden la caduca concepción del progreso y la modernidad (los de los bolsillos, ejemplo extremo). Su acepción en el sentido de que son el hueco de un profundo vacío no sólo es vigente, sino que se revela en los graves momentos de la vida pública.

Sólo cuando se discute el proyecto de presupuesto de cada año, el término “boquete” ocupa el espacio común y hasta la prensa de nota roja -y rosa también- da voz a los protagonistas para hablar de los próximos sufrimientos sociales (los de cada año, pues), atenuados por el futuro brillante que el neoliberalismo viene anunciando desde hace casi 40 años.

Hoy, por trágicos acontecimientos, “socavón” desplaza a todos y se convierte en referente sexenal para describir cuevas, grutas, oquedades, pero sobre todo “atascaderos”, “huecos craneales” y un cenagal que atemoriza incluso a cocodrilos y otros reptantes.

Así ha sido siempre, sólo que la semántica de un sexenio que se acabó hace tiempo y que agoniza sólo por los plazos constitucionalmente establecidos, no duda en encontrar casi, casi como “culpables” a las víctimas y a la Providencia como un ente caprichoso que siempre se sale con la suya.

Si los especuladores siguen en su enfebrecido torneo contra el peso o vía bonos de deuda pública, no se piense en un agujero profundo que ubica a las autoridades como una “nada”, “gestora de contratos y licitaciones” para saciar los bolsillos de sus gerentes, sino que forma parte de un plan divinamente preconcebido para que la economía muestre sus bondades en un futuro no muy lejano (el que siempre se invoca a la hora de las “reformas estructurales”).

Según el gastado cuento, los más de 56 millones de pobres deben ser pacientes y elevar instancias a los curas redentores del capitalismo depredador.

De igual manera, si la violencia y los grupos criminales siguen sembrando de cadáveres calles y avenidas, así como plazas comerciales, no es por falta de autoridad, menos de policías. No. Esto forma parte de una “depuración social” (salvaje) diseñada económicamente para comenzar a ajustar las desigualdades, todo bajo la proverbial ranchera de: entre menos burros, más olotes.

Cualquier otra interpretación, como esa de que detrás del crimen y del narcotráfico está todo el aparato estatal, igual de defraudadores bancarios, secuestradores, homicidas y demás, refleja intenciones supersticiosas que, sobra decir, son analizadas puntualmente por comentaristas hundidos en la semántica de la simulación oficial.

En apego a los acontecimientos aunque de manera extraoficial, la oquedad oficial se hizo presente en los inicios de la década de los años 80. Desde entonces se ha tenido a la vista un “enorme queso gruyere” sin autoridad, corrupto y, peor, sin memoria. ¿No los conocían? ¡Por favor!

Deja un comentario en movimiento

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s