LOS SONÁMBULOS: CORDEROS AL MATADERO

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Por Jesús Delgado Guerrero
Rumbo al mismo vertedero de la historia, los viejos antagonistas, unidos o separados, van de la mano en lo fundamental: hacer política sin política. Los epígonos de Lampedusa se han entrenado lo suficiente durante los últimos 40 años para dar vuelcos gatorpardianos en cada temporada, pero sin ir más allá de las escaramuzas propias que demanda el entretenimiento mediático para convocar a los electores.
No es que no existan, al menos teóricamente, esos polos de la geometría política denominados “izquierda”, “derecha”, “centro” y todo un coctel ideológico como arsenal para los momentos de la búsqueda del poder público.
Pero es claro que las facciones se disfrazan de progresistas y hasta de revolucionarias aunque sobre sus hombros lleven el fardo del peor conservadurismo. En el extremo, esto es lo antipolítico,
Como refieren algunos pensadores, actualmente nada es posible en “política” si no está previamente “financiado”, es decir, que detrás de siglas partidarias y actores políticos está eso que el Ogro Salvaje denomina encubridoramente como “mercado”.
Si en algún lado se manifiestan las llamadas “fuerzas benignas” de la moderna divinidad de la depredación y el engaño y sus teólogos neoliberales, es justamente en el “patrocinio”, soterrado o abierto, de actores dispuestos al ascenso público.
Participantes de juego como representantes de algún “interés”, organizan “frentes”, sugieren “coaliciones”, todo para que los corderos, invitados por los institutos responsables de vigilar y organizar la buena marcha de la democracia electoral, vayan al matadero, para que otorguen un sufragio “libre” a quien habrá de llevarlos nuevamente al sacrificio.
¿Se atisba de entre los concursantes una actuación, ya no digamos radical, sino al menos política y con intencionalidad política, fuera del perverso sentido que le ha conferido la vida pública al término?
A estas alturas, después de años convulsos y sanguinarios de principio del siglo pasado por darle efectividad al voto ciudadano, pensaríase que lo mejor es ponerse en huelga contra el sufragio, sobre todo cuando el debate encierra más frivolidades que temas de trascendencia.
Porque hasta ahora, salvo en el engañoso discurso oficial y su presunta Cruzada contra el Hambre, nadie ha sugerido un “frente” contra la desigualdad, un gobierno de coalición contra los poderes fácticos (tal vez para no perder patrocinios), una alianza contra la especulación o un bloque multipartidista contra los monopolios o contra los evasores de impuestos, ya por leyes creadas ex profeso o por la vía de los paraísos fiscales.
Lo que se ha estado configurando, en cambio, es un frente para conservar todo lo que ha generado que unos pocos, el tristemente celebre “1 por ciento”, continúe su demencial juego de concentrar la riqueza por cualquier medio (principalmente la especulación) y el resto sólo sirva de borrego para elegir a sus verdugos.

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