LOS SONÁMBULOS: EL SOL AZTECA, CABUS ELECTORAL

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Por Jesús Delgado Guerrero

De todas las fuerzas políticas visibles para los comicios presidenciales del 2018, quizás la que ha requerido “oxígeno” oficial y, por tanto artificial, ha sido el PRD (Partido de la Revolución Democrática). Los últimos años han sido una hemorragia constante de cuadros y figuras en ese instituto hasta quedar casi en la orfandad, deforme y a merced de las tribus más  “procesables”, por no decir mercenarias.

Como ejemplo, si algo probaron las elecciones para gobernador en el Estado de México no es que la victoria electoral pase obligadamente por la conformación de alianzas, sino que es muy fácil romperlas (“with money dancing de dog”, decía en su champurrado norteño Eulalio González “Piporro”), de modo que el PRD hizo, junto con el PAN, de “nuevo sector” del PRI al ir por su cuenta.

Ahora el PRD anda en busca de alianzas, principalmente con Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, quien les ha devuelto el: “lo que diga mi dedito”, luego del “no” perredista para declinar en la elección mexiquense que habría significado un rumbo distinto (devolución de “favores”, nadie ha explicado nada de esos 300 millones de pesos que recibió Nezahualcóyotl de Banobras cuando Juan Zepeda y Alfredo del Mazo eran alcalde y titular, respectivamente, y que no figuran en la cuenta pública municipal como pasivos, aunque sí en la página de adeudos municipales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, un capítulo de “prestidigitación política” en menoscabo de los impuestos ciudadanos).

El caso es que si en algún partido se requiere con urgencia de salvar la nave, ese es justamente el Sol Azteca o, para decir mejor, lo que queda de éste partido.

Una cosa es recibir apoyos extraoficiales para cumplir con un papel en determinada elección (como el Estado de México) y otra muy distinta tener que asumirse como instituto político en una contienda de más envergadura (si en el neoliberalismo casinero las burbujas terminan por reventar violentamente, en política sucede lo mismo con los “globos electorales”).

Porque hasta ahora, el perredismo ha podido mantenerse a flote gracias a las alianzas que ha realizado con el PAN en distintas entidades, como sucedió en el 2016. De no ser por eso, la situación pintaría distinta, como está pintado para el 2018.

Casi borrado de la Ciudad de México por Morena, con tres distritos a presumir (los de Nezahualcóyotl) en el Edomex, con figuras exhaustas en el desempeño de sus funciones (Miguel Ángel Mancera no podía tener tantos enemigos y malquerientes en la capital del país como los habitantes de esa entidad), el PRD parece condenado a fungir de cabús en la contienda presidencial, es decir, ir hasta atrás, incluso si los dueños de este país deciden impulsar a un (in) dependiente, como sucedió en el Edomex.

En términos bíblicos se asegura que los últimos serán los primeros, pero como esto es política los últimos siempre van a ser los últimos.

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