LOS SONÁMBULOS: PAN EDOMEX; REBELDE CORTESÍA

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Por Jesús Delgado Guerrero
Tras los resultados del pasado 4 de junio que confirmaron al PAN del Estado de México como una oposición testimonial en la entidad, comenzó el respectivo desgarre de prendas originado por el obvio desplazamiento del sufragio panista para favorecer candidaturas distintas a las que lo abanderaron. Estratólogos y politólogos no han hablado de esto, de modo que sin bases “científicas” sólo queda aventurar:
Un amplio sector del blanquiazul no cayó en el garlito del pacto de sus dirigentes para favorecer la continuación de intereses personales y de negocios de clanes familiares.
Peor, el pacto se hizo para impedir la derrota de uno de los representantes más emblemáticos del grupo Atlacomulco, adversario político por antonomasia del PAN desde que Astolfo Vicencio y Victor Guerrero y otros solitarios ciudadanos decidieron darle vida a ese partido en suelo mexiquense.
De ese viejo antagonismo hasta los que no conocen la historia de Acción Nacional están enterados. Pero Ricardo Anaya, presidente del CEN y quien no ha aclarado el origen de su fortuna, y Victor Hugo Sondón, cabeza del CDE y omiso de la corrupción interna que ha corroído a ese instituto, se declararon ignorantes de los antecedentes.
También, a pesar de que el PAN ha sido penetrado por parte de la estructura que hizo carrera al lado de personajes de la ascendencia de Isidro Fabela, quedan franjas de militantes panistas que, quizás movidos por sus convicciones democráticas (que aunque parezca extraño, todavía quedan, según los resultados de las votaciones) decidieron rebelarse ante el pacto de sus dirigentes que colocaron al partido, igual que al PRD, en condición de “nuevo sector” del PRI y del Grupo Atlacomulco, y trasladaron su voto por la opción que podía ganar.
Fue claro que la candidatura de Josefina Vázquez fue producto de esa negociación cupular y que ella también se rebeló, pero las amenazas de investigaciones contra su familia por parte de la PGR la obligaron a “fingir” de candidata y, más, a enderezar una campaña negativa no contra el adversario histórico, sino contra quien podría arrebatarle el poder a ese clan.
Josefina hizo proselitismo con una pistola apuntándole a la cara y eso condicionó su desempeño (lastimero y triste el cierre de campaña no ante miles de simpatizantes, sino en una amarga conferencia de prensa anunciando que su familia había sido exonerada de cualquier cargo por la PGR).
Frente a los “pactos clandestinos” de sus dirigentes, los panistas devolvieron la cortesía con un gesto de rebeldía a la hora de votar, el cual se estuvo anunciando desde que se inició la campaña porque Vázquez Mota comenzó a caer en picada sin red que la protegiera.
“Del fuero interno ni la iglesia puede juzgar”, decía el finado Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, destacado ex panista. Pero en su desesperación, la “corrupción pactista” apunta a “espectros” que evidenciaron su cortedad de miras y su estrechez cultural.

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