LOS SONÁMBULOS: ANTE EL “INTERÉS DE LA IMPACIENCIA”

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Por Jesús Delgado Guerrero

En una de sus facetas menos conocidas pero que contribuyó a que se le declarara “santo de la iglesia transformadora de la razón”, Sir Isaac Newton fue intendente de la Real Casa de la Moneda de Inglaterra y durante su encargo, docenas de falsificadores de dinero y traficantes de divisas fueron procesados y encarcelados. Sólo uno, un tal William Chaloner,  perito en artimañas financieras, lo desafió y hasta se dio el lujo de acusarlo de “incompetente” y de estafador. Pero al final también cayó.

Víctima consciente de que no podía calcular la locura ni la estupidez en el ámbito financiero, no obstante, este personaje optó por combatirla.

Nadie exigiría “mentes” de esa estatura al frente de organismos financieros mundiales y bancos centrales, pero sí al menos voluntades razonables para hacer frente a la irracionalidad que ha hecho del mercado de divisas un gigantesco casino, en menoscabo de las sociedades. 

Los curas neoliberales aseguran que frente a las devastaciones de su evangelio no hay santo al cual encomendarse. Lo natural, dicen, es depredar y que las sociedades carguen con el muerto. Un destino así no es para prometer futuros rebosantes de felicidad y tampoco para permanecer con los brazos cruzados.

En algunos países los jugadores-especuladores (llamados “inversores”, banqueros, empresarios u otros) han topado con algunas medidas que nuestros teólogos bien harían en conocer, antes de continuar alimentado la especulación.

Recientemente referí el libro “Capital especulativo y blindaje financiero en México”, de Carlos A. Rozo Bernal, doctor y profesor en economía por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) que desmiente las bondades de la doctrina de “puertas abiertas” para el acarreo de divisas.

Pues bien, en ese trabajo se documenta también la experiencia de naciones que han impuesto reglas contra esa depredación, como China (comunismo neoliberal, por torcido que parezca), Brasil, Chile, Colombia, República Checa, Malasia, Tailandia, Croacia y España, “que han instrumentado políticas macro prudenciales de control al capital desde la década de 1990”, con “evidencia convincente” de “éxitos positivos en su aplicación”.

Los controles son tanto para el ingreso como para “detener la hemorragia” cuando a la Fed de Estados Unidos se le ocurre aumentar su tasa de interés, eso que el padre de la econometría Irving Fisher llamó “impaciencia del mercado”. 

El espacio no alcanza para enumerar todas las políticas aplicadas en esas naciones, pero bien harían los responsables de la finanzas (Secretaría de Hacienda y Banco de México) en al menos hojear el trabajo citado, para que se enteren de la existencia de mundos distintos al suyo.

Como dato, ese libro fue presentado en el Congreso Federal, Poder Público encargado de fiscalizar el buen manejo de la hacienda pública y de crear leyes, pero marginado en la decisiones importantes de las finanzas.

 

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