LOS SONÁMBULOS:VIDENTES EN APRIETO

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Por Jesús Delgado Guerrero
Tanto en economía como en política, la época se ha caracterizado por colocar a los finales, y no los inicios, como objetivos que deciden los inmediato. Lo realmente relevante, lo que debe ocupar pensamiento y acción, está anclado en lo que todavía no ha sucedido. Según se ve, en ese espacio lejano hay que jugarse el todo por el todo.
No es nuevo pues desde la antigüedad los videntes, profetas, adivinos y demás chapuceros, figuraron como asesores de reyes y gobernantes, trasladando su ámbito de influencia a las filas mismas de la representación oficial.
Lo vital es que, como han observado algunos pensadores, el “antes” se quedó sin continuación y es el “futuro” el tema de todas las mesas, discurso del presente eludido, quizá por lo insoportable y, por tanto, no exento de chacoteo.
Por ejemplo, las autoridades de Banxico están anunciando que continuará el aumento de precios. Con una tasa anual de inflación de 6.17 por ciento en el primer trimestre, la más elevada tras el crac de las hipotecas Subprime en Estados Unidos en el 2008, los ya de por sí menguados bolsillos ciudadanos, víctimas de un presente insufrible, deberán resistir la embestida en los próximos meses.
“Seguimos con la expectativa de que en los próximos meses ya deberíamos ver el techo de esta alza en inflación, y en la segunda parte del año deberíamos ver ya una tendencia mucho más descendente”, dijeron los responsables de esa institución que, como es “normal”, atribuyeron la situación a “diversos choques cuyos efectos sobre la inflación, si bien temporales, han sido de una magnitud importante y una persistencia elevada”.
El futuro está haciendo de las suyas desde ahora y apunta incluso al empobrecimiento de las generaciones todavía no nacidas, pero hay que continuar encubriendo a especuladores -“inversores”, casabolseros e integrantes de la “bancocracia”- que operan como les viene en gana en nuestro país y que son factor principalísimo en el desastre permanente de la economía.
Como parte de un devenir todavía más atrofiado, las firmas encuestadoras llegan exhaustas y sin credibilidad a las elecciones de este domingo en cuatro entidades, esto después de una larga cadena de proyecciones fallidas que terminaron en francos cachondeos estadísticos y toda suerte de explicaciones tras los comicios del 2016.
Lo único cierto es que ser vidente no ha dejado de ser un gran negocio, con especialistas que también recolectan el buen o mal humor social para que los gobernantes apliquen las dosis supuestamente curativas de optimismo colectivo.
Pero nunca como hoy la industria de la satisfacción anticipada (economía y política) atraviesa por una gran crisis de credibilidad no sujeta a los caprichos de los astros que, cada vez que pueden, se burlan de sus predicciones, ausentes de un presente forzado que se resiste a ser ignorado.Todo, en suma, es propaganda.

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