LOS SONÁMBULOS: EDOMEX: EL NUEVO “POBRE HABIENTE”

Por Jesús Delgado Guerrero

Insatisfechos con su economía por la precariedad de la misma o de plano hecha un desastre, los ciudadanos del Estado de México están llamados a acudir a las urnas el próximo domingo para elegir gobernador, casi en calidad de trashumantes electorales.

La inseguridad golpea más mediáticamente la percepción de los ciudadanos que sus bolsillos, sometidos éstos al asalto cotidiano a la hora de comprar alimentos, calzar, vestir, transportarse, cargar combustible y otras chucherías que, según el credo neoliberal, las mentes más privilegiadas y optimistas no imaginaron en sus más felices sueños.

Empero, millones de víctimas de las “reformas estructurales” neoliberales de las últimas casi cuatro décadas no pasan inadvertidas ni para el “renovado” INEGI, con todo y la nueva metodología para que las estadísticas ofrezcan rebanadas de realidad y otras de ficción, según sople el viento.

Es loable el trabajo de los estadísticos: trabajan las 24 horas y por todos los medios disponibles para favorecer a la creciente capa de desfavorecidos, aunque siempre terminan volviendo la espalda con crecimientos económicos mediocres que, por si fuera poco, sólo benefician a los mismos.

La pobreza ha sido y es objeto de una lucha política encarnizada en el Estado de México. Los despojos neoliberales son atraídos con sutilezas metafísicas que, debido a la pretendida magia del voto y la dádiva, apuntan, por pura casualidad, a un futuro que nunca llega.

Otras exquisiteces abstractas están envueltas en plásticos que le dan al feliz poseedor el rango de “pobre-habiente”, siendo tratado más como una mercancía electoral que como ciudadano, candidato al próximo padrón institucional de la pobreza.

Hay tarjetas de “pobre-habientes” para todas las plataformas políticas: para amas de casa (rosas), de pensiones universales para adultos mayores (al doble), de estudiantes (becas, computadoras, zapatos, etc.,) de transporte público (también rosa) de atención médica (seguro popular y el no tan popular seguro social); de acceso a comedores comunitarios (como en el período de entreguerras) y otros (próximamente también, plásticos para pagar el servicio colectivo metro, esto como una señal al mundo de que nuestro país no se ha quedado rezagado en materia de bancarización y de la moderna esclavitud de vivir del crédito).

De alguna manera se tiene que alimentar el “absurdo mercado de seres sin atributos” (Anselm Jappe y otros, dixit) y es justo la producción de menesterosos a mansalva lo que ha dado ánimo a estas campañas electorales del Estado de México, estimulados además mediante salvajes gasolinazos, ex gobernadores y políticos corruptos, pandillas nepotistas y, sí, también una exposición mediática de ejecuciones entre otra clase de pandillas, además de asaltos, robos y otros, todo practicado como entretenimiento para el entretenimiento.

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