LOS SONÁMBULOS: “DESPOBRETIZACIÓN”, OTRA LEYENDA

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Por Jesús Delgado Guerrero

Los historiadores tienen presente aquellos románticos capítulos en los que la inflación fue únicamente motivo de algunas quejas ciudadanas, pero su malestar real era expresado por las condiciones del desempleo. Desde hace más de 40 años, igual que ha sucedido con la “ilusión monetaria”, tal supuesto fue aniquilado por la realidad.

En esa misma realidad los cadáveres de Marx todavía ofrecen más para seguirlos exprimiendo sin temor de ser objeto de alguna venganza (al final, ya están muertos), pero los “vivos” actuales en nuestro país, ese “precariado no muerto”, debe pagar, vía ese impuesto oculto que es la inflación, los excesos de las autoridades, así como las burbujas especulativas de los “inversionistas”.

El viejo y gastado truco del emperador romano Diocleciano con los denarios, rebajando su pureza de plata hasta convertirlos en casi corcholatas, sustituido ahora por excedentes de moneda en circulación, es un “remedio temporal” para recaudar impuestos cuando todas las demás vías están cerradas o agotadas, dicen los especialistas.

De modo que al “gasolinazo” del 1 de enero pasado, con su oleaje anunciando bajas cicateras y alzas para estandarizar el precio, hay que sumar este impuesto, que el mes pasado mostró una aceleración del 5.8 por ciento anual, el indicador más alto desde hace al menos una década.

“La crisis está en sus mentes”. Eso dicen el presidente Enrique Peña Nieto y sus trompeteares permanentes, que bien puede traducirse en casi 98.00 pesos el kilogramo de aguacates y una patada en… bueno, un incremento de pesadilla en todo, que afecta tanto al consumidor como al productor.

En la misma forma, si bien es cierto que “la abundancia de dinero” es uno de los remedios contra la usura (por eso el terror de casabolseros, financieros y toda suerte de prestamistas y avaros), todos éstos parecen despreocupados pues al final verán compensado su “sacrificio” con el pago de intereses por la deuda, mayoritariamente aportados por los ciudadanos, así como rendimientos sustanciales debido al alza de tasas de interés (la segunda en el año pasó de 6.25 por ciento a 6.50 por ciento, muy superior al 4.75 del 2009, es decir, a la tasa en pleno “crac” mundial por la hipotecas Subprime, pero “no estamos en crisis”).

Los doctores anticipan que la inflación se mantendrá alta. La meta del 3 por ciento tendrá que esperar.

En otras palabras, con este cuadro es propio de mentecatos hablar de cualquier despobretización social, tal como pretenden en su leyenda diaria los órganos de fonación neoliberales, menos con insuficiencia de empleos y, peor, con salarios de sobrevivencia.

Albert O. Hirschman ha advertido sobre no tomar en serio el concepto de la “decepción”. Este es el contagio social por gasolinazos e impuestos “subyacentes” que, como se sabe, no se ven, pero los bolsillos lo resienten y se proyectan en las urnas.

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