LOS SONÁMBULOS: DE LA “NUEVA SECTA DEL PERRO” (SIN LINTERNAS)

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Por Jesús Delgado Guerrero

Despojados sus militantes de cualquier manto harapiento y hasta del célebre morral, el espíritu de la época ofrece pinceladas de nuevas sectas donde el cinismo solemniza la denuncia al tiempo de confesar sus tropelías, es decir, se desenmascara.

La lucha política dejó de ser el arte de descubrir y ventilar trastupijes ajenos para utilizarlos en beneficio propio y, confirmando que la impunidad es el bien más preciado en esa esfera, se aniquiló el instinto del ocultamiento y del engaño. El cinismo, pues, se reconoce a sí mismo y se ha vuelto transparente.

Para aquellos que, por razones de su profesión, el embuste y el timo son los aditivos que han proyectado aspiraciones y generado fortunas, esto es todo un acontecimiento. La última profecía revolucionaria en el sentido de que lo peor que le podía suceder a México es que terminara convertido en un país de cínicos (Jolopillo, dixit), nunca atisbó las bondades terapéuticas de la inverecundia.

Porque, con anteojeras sloterdijknianas (por Sloterdijk), diríase que esta actitud, limpiamente ejecutada desde las cloacas del drenaje profundo, busca liberarse de sentimientos de culpabilidad. A punta de martillazos golpea a otros para impactar su propia conciencia.

“La candidata debe aclarar por qué se pagó 440 mil pesos como bono cuando fue alcaldesa en Texcoco; tanta auto-pichicatería es sospechosa pues para eso hay finiquitos de Un millón 206 mil pesos sin haber cumplido el período laboral legal y, además, se puede finiquitar con más de 2 millones de pesos a una secretaria particular por nueve meses de antigüedad. Total, que 16 millones de pesos entre colaboradores que renunciaron voluntariamente habla de la bondad de la flexibilidad laboral neoliberal, producto de las reformas estructurales que algún día bañarán a todos los trabajadores”, se dijo con inusual transparencia cínica, a propósito de la campaña para gobernador en el Estado de Mexico que, si no es un laboratorio político, muestra la radiografía del “alma política nacional”.

En la “nueva secta del perro”, desde otro sector de ese frente, inclinaciones exhibicionistas propias exigen: “que la candidata asuma su responsabilidad por la alta tasa de secuestros en Texcoco; eso es de aprendices porque nosotros con nuestra guerra al narco provocamos más de 121 mil muertos, según el ahora más confiable INEGI de Paloma Merodio, y cientos de desaparecidos, prueba de que no está a la altura de las exigencias”.

“Además, eso de beneficiar en la nómina a parientes de políticos es un plagio descarado”, se agrega desde el mismo sector, ratificando que el cinismo es también fuente de obtención de placer (y de beneficios).

Parafraseando a los estudiosos, si los actores públicos comienzan a pensar y a actuar cínicamente en público, y lo saben pero se siguen de frente, solo completan el círculo que los define. Las legendarias linternas quedaron en los viejos textos.

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