LOS SONÁMBULOS: LA AMENAZA DEL ” TURBOCAPITALISMO “

 

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La amenaza del “turbiocapitalismo”
Por Jesús Delgado Guerrero
El término “turbocapitalismo” fue acuñado por el economista estadounidense Edward Luttwak a mediados de la década de los años 90 para definir la aceleración de la economía financiarizada del supuesto libre mercado.
La rapidez de las operaciones, realizadas con un clic desde el ordenador, alegró incluso a gurús neoliberales como Alan Greenspan, ex titular de la “Fed” (responsable de burbujas especulativas constantes), porque de ese modo, supuso este seguidor de Ayn Rand y su “Atlas Egoísta”, los gobiernos la verían difícil si intentaran alguna regulación.
En la práctica, tal “turbocapitalismo” significó la concentración en grandes empresas con altas dosis de capital en forma de deuda proporcionada por los bancos, tecnología y bajo número de empleados, todo sin regulación gubernamental, sin fuertes sindicatos ni prestaciones laborales y sin barreras aduaneras o restricciones a las inversiones, además con bajos o nulos impuestos para las grandes empresas.
Esta fase del capitalismo financiero consideraba válida la siguiente ecuación: “turbocapitalismo” es igual a: privatización más desregulación más globalización da un libre mercado con transparencia y, al final, prosperidad (con deuda, claro).
Pero hizo bien Luttwak en advertir a economistas y políticos aprender pues, refirió, el “turbocapitalismo” divide a la sociedad ya que es cielo e infierno a la misma vez, aunque con agudeza la profesora Idalia Valero Gil dice que tal “turbocapitalismo” en realidad es “turbiocapitalismo”. Y tiene toda la razón:
La burbuja inmobiliaria y bursátil que provocó se desinfló en el 2008 al no considerar el elemento excesivo de la deuda (amén de la opacidad de los derivados y otros instrumentos financieros). Y la Gran Recesión de 2009 desacreditó el resultado final de la ecuación pues la prosperidad ha sido para unos cuantos (el tristemente célebre “1%”), y únicamente quedó la gran deuda en que incurrieron los gobiernos para rescatar a los bancos e intentar sacar a la economía de la recesión.
Así, la nueva ecuación capitalista es: privatizaciones y desregulación mediante sobornos y fraudes financieros, más freno a la globalización (Estados Unidos), es igual a la continuidad de la concentración del ingreso, a lo que hay que sumar el bajo crecimiento, el gran desempleo y la criminalidad, lo que arroja como resultado un capitalismo de compadres y deuda que beneficia a los empresarios amigos y que en las quiebras los salva el gobierno.
Nótese la siguiente bomba de tiempo: al cierre del 2016 el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público – la medida más amplia de la deuda- representó 50.5% del PIB, con 9 billones 797,439 millones de pesos.
Sólo de intereses, el año pasado se pagaron 500 mil millones de pesos y para el 2017 se calcularon 600 mil millones. Esto y los “peones de deuda” de los sumerios del año 2400 a. de C. es casi lo mismo.

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