LOS SONÁMBULOS: LLAMAS EN EL “PARAÍSO”

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Llamas en el “paraíso”
Por Jesús Delgado Guerrero
Siluetas rulfianas, previo ascenso del diablo al paraíso: aquí todo va de mal en peor (a la cuota de muertos se suma el “safari” contra políticos corruptos como parte del espectáculo). Hasta “La Serpentina” (famoso bovino de los textos del jalisciense) resultó un animal atarantado que no se percató del peligro generado por el “mal clima” y engrosó la lista de víctimas, justo en ese pueblo donde sólo se ven las “bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo, pero no se oye nada”.

Lo único que faltaba para coronar el “edén” es que racistas, xenófobos, extremistas y toda esa fauna fanática, suma de tragedias en la historia, figuren al frente del país más poderoso del planeta, como si no fuera suficiente con esa plaga, también exaltada, liderada por el Ogro Salvaje (capitalismo neoliberal) y sus nefandas consecuencias.
Sobre ello, todo indica que no fue un sentimiento de animadversión lo que llevó al filósofo y científico social austriaco Karl Polanyi (La Gran Transformación) a recomendar, a mediados del siglo pasado, ver a la Inglaterra del economista David Ricardo para tratar de “comprender” el fascismo alemán, y así es como habría que hacer en esta época con los apologistas de la autorregulación del mercado (más libertino que libre) en un intento por evitar que, como diría el antropólogo, la fe ciega en la ganancia profundice la conversión de la sociedad y el individuo en meras mercancías accesorias, de desecho, de los “mercados”, o provoque lo indecible (ya ha sucedido).
Aferrarse a aventar dinero al capital especulativo elevando tasas de interés para saciar la codicia en menoscabo de cuenta-habientes y deudores, como hizo el Banco de México, es parte de la idea de un mercado autorregulado que, como observó Polanyi en su momento y lo prueban hechos pasados y actuales, “implica una utopía total”.
Tal mercado “no podría existir durante largo tiempo sin aniquilar la sustancia humana y natural de la sociedad; habría destruido físicamente al hombre y transformado su ambiente en desierto”, dice el pensador, no como profecía, sino sobre hechos analizados, los cuales hoy se replican mediante “la acción corrosiva de un crudo utilitarismo combinado con una aceptación irreflexiva de las supuestas virtudes autocurativas del crecimiento inconsciente”.
¿Qué queda cuando se han dinamitado las instituciones públicas, ocupadas por administradores? Exacto: praderas de pobreza y grosera acumulación incendiadas, y la notable ausencia de estadistas.
De las tres formas de integración económica postuladas por Polanyi, ninguna causa tanto resquemor entre los neoliberales como la redistribución (las otras son la reciprocidad y el intercambio). Obvio: eliminaría el robo en nombre de la autorregulación.
Lo que se escucha son los primeros flamazos de un infierno ya conocido.

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