LOS SONÁMBULOS: ALGO MÁS QUE UN “DESCONTÓN” AL 1%

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Por Jesús Delgado Guerrero
Semana trágica para las letras y el arte (muertos Leonard Cohen y Rogelio Naranjo, sólo queda el fingido pesimismo neoliberal y el poder público como caricatura de sí mismo, respectivamente) el Ogro Salvaje se refugia en la ficción y pretende hacer creer que acontecimientos políticos son producto de una saga galáctica donde seres extraterrestres operaron en los resortes ocultos de lo más intimo de una masa que, burlona, engañó (otra vez) a las “científicas y “objetivas” empresas de encuestas y sondeos.
Sólo por no dejar, aclárese que da igual canalizar millones de dólares (o de pesos) para subsidiar “parásitos”, según la denominación randiana (por Ayn Rand) que felizmente abrazaron Friedman y los neoliberales para arremeter contra los programas de asistencia social, que destinar elevados presupuestos al pago de ”rescates bancarios” tras el consabido festín de depredadores (como el Fobaproa, hoy IPAB), práctica de gerentes colocados en puestos de gobierno.
Entonces, lo preocupante del ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no es que vaya a modificar el Telecé o a construir un muro que, por lo demás, comenzó a levantar el esposo de su ex adversaria, Hillary Clinton.
Tampoco agobia que las calificadoras de riesgo hayan pasado a ser menos que “calibradoras de nervios” (Moody´s y otras arrastran “fama” tras el desastre financiero del 2008) ni que zalameramente se resalte el presunto olfato político presidencial por la victoria del magnate (si como candidato no se le exigió una disculpa por tantos insultos, ahora doblar la cerviz, incluso ante deportaciones, será un deporte oficial)
Los “paracaidistas clandestinos” (“inversionistas”) pueden perder miles de millones de dólares apostando a la ruleta política y al mismo tiempo reponerse en la ruleta financiera, especulando contra el peso (carnicería frente a la cual los “líderes innovadores” no tienen ningún instrumento “innovador”); sin frenos, aprovechan para depredar no importando descontones como la elección estadounidense, que es duro y obligaría a no ignorar parte de la historia del Siglo XX y de las cuatro décadas recientes. Pero no.
Lo que alarma es, pues, la falta de autocrítica, de sentido común ante los agravios sin remedios aparentes, engaños y auto-elogios, mofa del infortunio: “compañeros: estamos jodidos… !todos ustedes!”.
“Opio y Hitler les hicieron soñar”, dice Cohen, y refiere que “el estado floreció con un beso que se infesta” (“Brexit” y otros brotes nacionalistas y discriminatorios, unos signos)
Esto finge no ver la autocomplacencia de la ficción, dando palmadas de falso consuelo al encabritamiento social, fácilmente explicable. Sin rencor, el poeta recordó: “la oscuridad habitual” dio paso al “discurso racial del Caudillo”… y luego a toda la demás barbarie.

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