OPINIÓN: DEMONIOS SUELTOS PARA EL 2018

 

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Por Raúl Río Valle

Dice Jorge Zepeda Paterson, en su última novela “Los usurpadores”, que en la sucesión presidencial de 2018 se soltarán “todos los demonios”. En ella él observa tres grandes poderes, tres aspirantes al poder que ya se están dando y se van a seguir dando con todo para lograr su objetivo.

Cuando la realidad es inaprensible para el periodismo que hace el relato cotidiano del acontecer político, porque la realidad supera con mucho a la ficción, entonces la literatura se convierte en una forma de aprehender la realidad.

Inolvidable resulta, por ejemplo, “La Sombra del Caudillo”, de Martín Luis Guzmán, escrita también en el momento de tremenda crisis política de la posrevolución, cuya solución dio origen al régimen de Partido de Estado que agoniza desde hace mucho tiempo y que ya entubado se niegan a desconectar.

Jorge Zepeda ha demostrado fehacientemente en su anterior libro “Los Corruptores” que la ficción es una forma útil de acercarse a la compleja realidad política que vivimos. Ahí los personajes ficticios de la novela tienen mucha semejanza con los políticos corruptos que están en su momento de esplendor, cuando paradójicamente el régimen se está cayendo a pedazos.

Zepeda Paterson observa a los tres poderes en disputa, y que desde sus cuartos de guerra, “se creen en condiciones de poder hacer lo que les venga en gana con tal de zancadillar a sus oponentes, debilitar a los otros, fortalecer su posición, sin ningún Presidente que tenga control sobre ellos, ningún partido político que imponga una plataforma ideológica, una norma…”.

Las reglas escritas y las no escritas del régimen político ya nadie las respeta. El partido único o hegemónico llegó a su fin en 1988. La alianza estratégica entre el salinismo y el panismo empresarial ese mismo año, le puso una muleta que le permitió andar e implantar el proyecto neoliberal, creando un animal bicéfalo, el PRIAN.

Salinas, Zedillo y Fox fueron los impulsores del aquelarre neoliberal y beneficiarios de la “gobernabilidad” que les generó la alianza plasmada en el PRIAN. Calderón también fue su beneficiario, pero al mismo tiempo su sepulturero. Peña Nieto ante el creciente déficit de gobernabilidad del régimen, le quitó la muleta y le puso silla de ruedas para seguir caminando.

Para ello Peña, a la tradicional mesa de dos, le agregó una pequeña silla para el PRD y generar “gobernabilidad” con el Pacto por México. Con los catastróficos resultados que todos padecemos. La partidocracia que intentó sustituir al partido único está hecha pedazos, demasiado fragmentada para generar gobernabilidad dice Beltrones.

La caída de Peña y del PRI, las fisuras que se observan en el bloque dominante, que derivan en visos de una crisis orgánica y de hegemonía, que ya se observa con más claridad, hoy llevan a la pulverización, pero en su momento conducirán al reagrupamiento de las fuerzas que intentarán construir una nueva hegemonía, un nuevo pacto social y un nuevo proyecto de nación.

Por si fuera poco, en ese ambiente de pulverización partidaria se presenta la propuesta de exploración de la candidatura independiente de una mujer indígena por parte del Congreso Nacional Indígena y del EZLN. Hace ruido la propuesta, pero si no toman bien el pulso social, corren el riesgo de aislarse aún más y achicarse o extinguirse.

Brevemente dos datos al respecto, según todas las últimas encuestas se observan dos fenómenos que pueden ser consistentes. Uno es que los partidos pequeños -PVEM, PT, MC, Panal y PES- tienden a diluirse, a desaparecer. Y dos, los candidatos independientes ya no levantaron y solamente generan mayor fragmentación del voto.

Puede ser que la ciudadanía vaya a concentrar en tres o tal vez en cuatro fuerzas su voto, y en su aversión a los partidos, los ciudadanos empiecen por considerar inútil votar por partidos pequeños. Pegándole a la partidocracia en dos sentidos: Uno, hacer que desaparezca la chiquillada y, dos, por ello hacer no competitivas las sopas de letras, es decir, que resulten poco atractivas las alianzas para el ciudadano. Ya veremos.

En ese marco, y en el plano nacional para la candidatura presidencial del 2018 el escenario que observamos hasta hoy está así: 1) El candidato de MORENA, 2) El candidat@ del PAN, 3) El candidato de la coalición PRI-PVEM-Panal, 4) El candidato del PRD-PT-MC y 5) Los candidatos independientes: El Bronco, Jorge Castañeda, Pedro Ferríz de Con, Denise Dresser y la mujer indígena del CNI-EZLN. Más los que se vayan acumulando en los meses siguientes.

Con las siguientes variantes: Una alianza PAN-PRD-PT-MC que iría a todas luces contra el interés del PRI. Que un independiente fuera con el apoyo partidario del PT y/o del MC, sería el caso del Bronco. Lo cual jugaría un poco a favor del PRI.

Lo real es que muchos pueden ser los llamados, pero de entre las tres fuerzas reales saldrá el elegido. En un ambiente donde la percepción generalizada es que vivimos un Estado fallido, una economía fallida, una transición fallida y una democracia inexistente. Y por tanto es urgente un cambio real y dejar el gatopardismo.

La grotesca forma en que se repartieron los magistrados del Tribunal Electoral entre el PRI, el PAN y el PRD es una muestra palpable del agotamiento de esa forma de hacer política. Que a todos deja el amargo sabor de que verdaderamente se la pasan pensando en cómo joder a México.

Los pilares del partido de Estado eran el partido único, el corporativismo y el presidencialismo. El partido único que devino en bi y luego en tri es inoperante. Al corporativismo nunca se le combatió, mejor optaron por extinguir el sindicalismo para dejar al trabajo a la intemperie. Y Peña se encargó de hacer girones los restos del presidencialismo que recibió de Calderón.

Beltrones tiene razón, el régimen político ya se agotó. La lucha por el cambio es y será una guerra política sin cuartel. Tiene razón Jorge Zepeda, la lucha por la sucesión presidencial será entre tres poderes. Entre las fuerzas políticas encabezadas por MORENA, el PAN y el PRI. En medio de esa tormenta que será el 2018, todos los demonios andarán, andan ya, sueltos.

Lean “Los usurpadores”, pero no los dejen seguir en el poder.

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