PARA HECHOS.. EL GORDOBER EXTRAVIADO

image
Lorenzo Delfín Ruiz
El único acercamiento y el diálogo fueron casuales y breves. Saludo sin ganas. Tarjeta de presentación en mano regordeta como el resto de su cuerpo, y la “invitación” con la terrible voz de pito:
-Búscame en la Cámara, paisano. Márcame. Yo te contesto. Vamos por la candidatura primero y la gubernatura después.
-¿Vamos, Kemo Sabay?, pensó decirle el paisano interpelado (o séase, yo) pero no dio tiempo.
Presuroso, ceremonioso, en pose reverencial, se coló entre la muchachada y debió repartir diez que veinte tarjetitas más con los ostentosos escudos de la LXI Legislatura y del PRI impresos, y la leyendota que lo “denunciaba”: Diputado federal. Y otra cantaleta de voz enflaquecida:
-Soy fulano de tal, precandidato a la gubernatura de Veracruz… mucho gusto; es un honor estar con ustedes.
La voz afilada y la inusitada presencia de aquel individuo despertaron inquietudes y comentarios en corto entre la plebe:
-¡Ah, chingá! Este gordito como que PERDIÓ EL RUMBO… ¿cómo es que hace precampaña en Puebla?
La primera observación sobre el extravío resultó una profecía sexenal, pero en aquel momento (principios de 2010) la breve estancia de Javier Duarte de Ochoa en Tecomatlán, municipio distante más de 400 kilómetros de Veracruz, tenía una explicación: atravesó una extensa y complicada zona serrana para llegar a los dominios de Aquiles Córdova Morán, sempiterno dirigente nacional de Antorcha Campesina.
Iba en pos de su bendición electoral si resultaba candidato priísta, como después lo fue. Y debió conseguirla, porque aparte de los chanchullos imputados a Fidel Herrera para encajarle a Veracruz a Duarte de Ochoa como gobernador, esa organización debió contribuir a marcar la diferencia de 84 mil 575 votos sobre su puntual enemigo de cabecera, el panista converso Miguel Ángel Yunes Linares que ahora como gobernador electo le ha ofrecido a Duarte –teatro incluido- un pase directo con residencia permanente en el penal de Pacho Viejo… si lo atrapa.
Aquel encuentro ocasional en suelo poblano ocurrió por mediación de otro veracruzano, Samuel Aguirre Ochoa. Como antorchista responsable en la tierra donde hacen su nido todas las bandas de traviesos y sanguinarios delincuentes, accedió al ruego de Duarte para acercarse a Córdova Morán, quien en aquel evento de su organización debió presentarlo ante la numerosa audiencia que no paró de cuchichear que aquel tipo rollizo andaba “algo” norteado, tanto como después anduvo Ana Gabriela Guevara al intentar rendir protesta como senadora… en la Cámara de Diputados. (Aclaración obligada: el interpelado paisano –yo, pues- no andaba en precampaña, ni norteado ni de parranda… de chiripa).
Sin imaginarlo, esos poblanos divertidos fueron anfitriones de un personaje que en seis años rebasó de manera primitiva las formas elementales de conducir una administración pública. Inmiscuido, como se le denuncia, en actos de corrupción a gran escala y de presunta asociación con narco-mafias asesinas y empresarios cerriles, depravados y engreídos, Duarte de Ochoa huye y es perseguido ya hasta por sus cómplices que lo llevaron al poder y que en la orgía de tiranía que escenificaron lo mostraron, ni más ni menos, como ejemplo del “nuevo” priísmo que azota al país.
El culto por el abuso y la brutalidad de que hizo gala, no es, sin embargo, exclusivo del gobernador veracruzano con licencia; lo exhiben con ofensivo desafío otros mandatarios tanto o más extraviados, pero Duarte de Ochoa personifica a tantos y tantos Padrés, Eruvieles, Duartes Jaquez, Manceras, Borges, Velascos Coello, Morenos Valle, Gracos, Aureoles y a otros de la misma ralea que, aún con poder constitucional o no, la democracia le ha incrustado a la población como formales verdugos, a los que se agregan diputados y alcaldes cuatreros y asesinos por igual.
Veracruz, a su vez, le vuelve a dar un “servicio” más a la patria. En los desvaríos de una generación política carnicera como la que ahoga al país, la tierra que se dice de Dios Padre parece ser usada como laboratorio para medir el grado de resistencia que tiene la población ante un tirano del calibre de Duarte de Ochoa. Es entonces que el experimento, sin duda, se aplica en todo el territorio nacional…. de forma temeraria, porque a juzgar por el termómetro social el buche ya casi está hasta el tope de piedras. De todo tamaño.
(Aquella formal “invitación” de Duarte de Ochoa para la llamada telefónica, fue aceptada por el interpelado. Días después, en la respectiva extensión del 56-28-13-00, una voz secretarial cargada de hueva disculpó al entonces diputado federal. Que no estaba. Que devolvería la llamada. En seis años jamás fue devuelta… por suerte).

Deja un comentario en movimiento

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s