LOS SONÁMBULOS: MOMENTOS ESTELARES DEL ALUCINE

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Por Jesús Delgado Guerrero
Cada vez que los medios de cambio (moneda, papel moneda, bonos, etc.) son elevados a algo más allá que el vellocino de oro y los medios de producción sólo sirven de adorno en las naves industriales, las sociedades enfrentan graves problemas de pobreza y desigualdad, conflictos sociales y hasta bélicos.
Nadie está descubriendo el agujero de la dona ni es necesario molestar a la historia con un recuento de todos o algunos momentos estelarmente alucinantes en los que el “papel” hundió economías y países (tal es la ilusión que provoca el becerro neoliberal). Como se ha dicho, basta con insistir en las recientes cuatro décadas y, en particular, la última.
Porque en este tiempo se han generado toda clase de delirios como una forma de encubrir el problema principal, que poco o nada tiene qué ver con escasez o falta de productividad y donde, incluso, el mediocre crecimiento de 2 por ciento anual alcanzaría para superar muchas carencias, siempre que la riqueza estuviera medianamente administrada por eso que a ojos y oídos de la gente se denomina “autoridad” o “poder público”.
Si en el bíblico Caín la condena por su crimen fue una existencia errante y en fuga perpetua, en el capitalismo de ficción estas maldiciones divinas son una “bendición”, licencia para el vagamundeo y el saqueo, con gobiernos omisos.
El ataque especulativo al peso es ejemplar: Banxico subió 50 puntos base su tasa de interés (de 4.25 a 4.75) para respaldar al peso, pero este sigue en picada y, más, su suerte continúa colgada a lo que haga la Reserva Federal de Estados Unidos con su tasa de interés. Los especuladores tienen mucha hambre, muy distinta a la de deudores de créditos hipotecarios, de autofinanciamientos y de tarjetas que no la van a pasar bien por esto, enganchados como están, por necesidad, a una vida crediticia.
Pero de esto se dice muy poco o nada, a diferencia de la gran bocina con la que se responsabiliza al “Brexit”, a los precios del petróleo, a la estupidez de un empresario metido a político y a una larga cadena de sandeces encubridoras.
Ni siquiera la deuda pública, que ya está en 8 billones 754 mil 233 millones de pesos (50 por ciento del PIB), es responsable de todo ese juego que ha hecho de los medios de cambio el elemento decisivo de la economía, de su freno, principalmente, sostenido por periodos de crecimiento vía burbujas financieras que, como sucedió en el 2008 y muchas veces antes y siempre con efectos traumáticos de largo plazo, han terminado por reventar.
Nada de malo hay en ganar dinero y nadie está en contra de eso, pero no es a costa de la Hacienda Pública, alimentada por los contribuyentes.
Desde hace ocho años se han venido viviendo momentos delirantes a pesar de que el verdadero “fallo” (por no decir fraude) del capitalismo está a la vista: el estado mental (alucine) frente a los medios de cambio.

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