LOS SONÁMBULOS: ECONOMÍA A SALTO DE MATA

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Por Jesús Delgado Guerrero

Como consecuencia del desplome en los precios del petróleo el gobierno federal tuvo que ejercer de aprendiz de sastre y, nuevamente, remendar el traje presupuestal del 2017 mediante toscos trazos (privilegio del pago de la deuda) y peores zurcidos (reducción de gasto en obra pública y programas sociales).

Nada nuevo. En años recientes otras circunstancias no petrolíferas lo han obligado a lo mismo, igual fantasmas inventados por el furor de los instintos a los que se han sumado otros fraudes. Como sea, por una y mil causas, reales o aparentes, está claro que poner parches a “sistemas o modelos” inservibles es causa perdida.

Años tras año sucede como en la parábola del remiendo y los odres viejos (Mateo, 9:16, casualmente el “recaudador” del grupo) donde nadie tendría que poner paño nuevo a un vestido viejo “porque tal remiendo tira del vestido y se hace peor la rotura”, ni echar vino nuevo en odres vetustos porque se rompen y se desparraman.

Pero el “estado mental” prevaleciente (más que sistema o modelo, como en chunga suena ya cuando de economía se trata) ha llegado al extremo de tratar de endosar la responsabilidad de parte de la economía al verbo polemista de una confrontación electoral (Estados Unidos) para maquillar la fiebre de impulsos ludópatas que, entre otras cosas, especulan contra el peso.

El hecho es que bajaron los petroprecios, con todo y pólizas, y el gobierno ha tenido que recortar el gasto ante la falta de ingresos. Esto es lo importante: el otrora cuerno de la abundancia no genera más que directivos y dirigentes sindicales millonarios (hasta ahora, porque ya vendrán las rejuvenecidas “siete perversas hermanas”, viejas conocidas, a llevarse lo suyo) e impone que la versión populista del Ogro Salvaje tenga que maltratar su perfil redentor

¿Podía la autoridad hacer algo? Sin duda. Una opción es cobrar impuestos a los que están especulando contra el peso y al mismo tiempo “presionando” para que se canalicen más recursos al pago de la deuda, y que son los mismos que, debido a la versatilidad del espíritu neoliberal de la época y la diversificación monopolizada, igual son “inversores” que encabezan firmas en el campo de las telecomunicaciones, casas de bolsa, bancos, televisoras, restaurantes y un largo etc., y a los cuales, en recompensa de sus favores a la patria, también les devuelven miles de millones en cada ejercicio fiscal.

Pero no, mejor opta, por conveniencia y por dogma, vivir a salto de mata arrastrando a su suerte a los demás, es decir, a sobrevivir recorte tras recorte y pedir prestado otra vez para pagar parte de los préstamos, y así, consumirse a fuego lento para prolongar la agonía, previa lectura de “El mono estresado” (sugerido por el economista Javier Ortiz de Montellano) y otros monos de interminable saga primatológica para acostumbrarse a la tragedia (y acercarse más al origen)

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