LOS SONÁMBULOS:LAS MURALLAS CAPITALISTAS

capitalismo_esposas_esclavitudJesús Delgado Guerrero
En la era del timo financiero y la especulación, recordar es un acto de sobrevivencia: mientras la iglesia neoliberal insiste en sus recetas como el nuevo Bálsamo de Fierabrás capaz de aliviar palizas, revivir muertos y enderezar entuertos, con las aspas de los molinos se construyen murallas anti-inmigrantes (desterrados por guers civiles provocadas por el capitalismo salvaje, como en Siria, o el desempleo). Contrarios radicales, los tratados de libre comercio son muros para el desarrollo de las personas.
Y como en las noches “todas las vacas (sociales) son negras, una vorágine destructiva”, según el filósofo esloveno Slavoj Zizek (La Permanencia en lo negativo) el delirio meritocrático fascista pretende reservar “un lugar adecuado para todos” y enviar a “cada uno a su lugar adecuado”.
De ahí que en la misma forma que aquí se evidencia la capitulación oficial ante especuladores (burlesca amenaza esa de “echarles agua fría” en vez de cobrarles impuestos) medios extranjeros recuerdan cruelmente que el muro de Donald Trump lo comenzó a edificar Bill Clinton (sí, el esposo de Hillary, candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos) luego de la firma del Tratado de Libre Comercio (Telecé, en 1994). Según especialistas, unos mil kilómetros de vallas equipadas con sistemas de vigilancia dividen ya la frontera, de 3 mil 200 kilómetros, imagen de la “apertura-cerrada” (esquizofrenia capitalista)
Debido a que con todo y el telecé la prosperidad “nomás” no llegó (ni llegará) comenzó la “invasión mexicana” a su ex territorio: en 1994 había 4.5 millones de mexicanos en EU pero a la fecha suman 12 millones (toda la Ciudad de México, más Ecatepec y Nezahualcóyotl al asalto)
Bien se ha hablado de la paciente venganza tras la mutilación del territorio nacional con Santa Anna en el Siglo XIX, acaso para cumplir, con cierta delicia, la liberal recomendación de Ignacio Ramírez “El Nigromante” quien, más que una codicia imperial, vio un fallo demográfico local que había que corregir a fuerza de procrear a todo ritmo, pero sin prisas, como está sucediendo.
Despoblados los campos nacionales (pulverizados por los productos estadounidenses subsidiados que, en terrible ironía, llevan mano de obra mexicana migrante) comenzó también el éxodo urbano ante el avasallamiento de firmas multinacionales que también emplean manos aztecas “ilegales” y venden más barato que las mexicanas (el caso de la carne es brutal, como observó el economo-sociólogo Andy Robinson, reportero itinerante en “La Vanguardia” catalana)
Fórmula fatal: a mayor cantidad de “telecés”, más propensión a edificar muros por el oleaje de migrantes, producto de aquellos. Calais (Francia), Ceuta y Melilla (España), Hungría y otros de Europa no están lejos de Tijuana… ni los Clinton de Trump

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