LOS SONÁMBULOS: LA FIEBRE POR LA ESPECULACIÓN

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Por Jesús Delgado Guerrero

En fechas recientes se dio a conocer la multa que la Comisión Europea impuso a la firma “Apple” por evasión fiscal y por la cual tendrá que devolver más de 13 mil millones de euros a Irlanda, cuyo gobierno, en el colmo de los paraísos fiscales, apeló la decisión. Revire automático de un fraude sucedido hace ocho años, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos anunció una multa de 14 mil millones de dólares al banco de inversión alemán Deutsch Bank por haber vendido créditos inmobiliarios a sabiendas de que eran basura (“subprime”), lo que detonó la crisis financiera  del 2008, todavía vigente.

Más allá del pestilente olor a azufre (desquite), el episodio ejemplifica la forma en que se pretenden enfrentar los problemas: de un lado, se sanciona a una empresa por evasión fiscal ( y sólo por el ejercicio de un año) y, por otro, el gobierno de Irlanda apela, defendiendo no su hacienda pública, sino su condición de refugio de evasores de impuestos, tema de “cumbres”, “cumbres” y decenas de foros (por eso las “cumbres” más importantes siguen siendo la del Everest y, en nuestro país, la del Iztaccíhuatl)

De otro lado, se impuso al banco alemán una gran multa, aunque las autoridades alemanas (en defensa de los estafadores) están pidiendo “igualdad de trato”; es decir, que la sanción sea similar a la que se impuso a otro “perito” en timos financieros: el banco estadounidense “Goldman Sachs”, que pagó sólo 5 mil 060 millones de dólares, pese a que ganó 13 mil millones de dólares, y no obstante que el Senado de su país descubrió que deliberadamente apostó por la caída de los créditos hipotecarios y al mismo tiempo los vendía a sus clientes.

De las estafas de las hipotecas subprime, sólo un ejecutivo bancario de segundo nivel, Kareem Serageldin, exempleado de Credit Suisse, fue condenado a 30 meses de cárcel. Los “peces gordos” no aparecieron.

Eso explica en parte la fiebre de la especulación financiera, así como la evasión fiscal, que hacen alarde. No sólo hay gobiernos decididamente sometidos al capital libertino (en nuestro país hasta se les devuelven los magros impuestos que aportan), sino que las multas no cubren siquiera los saqueos perpetrados y, más grave, no significan freno al fraude.

Aquí se puede seguir culpando a Trump, al petróleo, incluso a la baja popularidad presidencial por el desastre financiero y el ataque al peso, pero detrás de ello está el enfebrecido deporte de la especulación para el cual no hay árbitro (gobierno) ni atención en los análisis que, en una de esas, van a terminar por incluir las derrotas permanentes del Cruz Azul, los fallos también recurrentes del “Chicharito” Hernández o, ya entrados en delirios, responsabilizar a los miles de desaparecidos o al próximo tumulto por el concierto de Roger Waters (Pink Floyd) en el Zócalo.

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