LOS SONÁMBULOS: LA CONTINUACIÓN DE LA HISTERIA

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Por Jesús Delgado Guerrero
De no ser porque sucedió y por las desastrosas consecuencias, el capítulo de la quiebra de la financiera estadounidense Lehman Brothers, acaecido ya hace ocho años por su apuesta con las hipotecas basura (subprime, origen de la crisis del 2008) habría sido tomado como anécdota en rotativos y espacios especializados, si bien no pasó de ser “recordado” casi como un incidente menor en algunos casos.
Pero la prolongada tendencia autodestructiva de la época, reflejada en la producción de pobres a nivel oprobioso y el saqueo a mansalva por parte del “1 por ciento” de privilegiados, así como la pulverización de las instituciones públicas, es la continuación de la histeria por los mismos medios sin que se mueva nada, salvo la acumulación por la acumulación, el aumento de desplazados por guerras civiles y más y más (contados por millones) inscritos en bancos de alimentos o comedores comunitarios, beneficiarios de programas caritativos.
Desde los albores del Siglo XIX, el inglés David Ricardo, con todo y que aportó para que la economía recibiera la etiqueta de “ciencia lúgubre” (Ley de Hierro Salarial), descubrió que las operaciones bancarias no pueden aumentar la riqueza de un país si no impacta o desarrolla al capital (medios de producción), a lo cual hay que agregar que las financieras tampoco.
Antes bien, son causa de robo al erario público, endeudamiento que pasa de la mano izquierda a la derecha o viceversa y de generación en generación (dicho en términos de la filosofía cantinflesca que describe la “degeneración” de generaciones) con su cuota de usura.
A ocho años del “crac” financiero (precedido por otros como el punto.com, Enron, latigazos a tigres asiáticos, “sambas”, “tangos”, “efectos tequilas” y demás borracheras especulativas) los gobiernos siguen en punto muerto, mientras los teólogos inventan “chivos expiatorios”, fenómenos “cíclicos” (cínicos) ficciones aritméticas y quieren hacer del fraude costumbre (hay que aprender “a vivir en la incertidumbre”, dicen) para intentar justificar sus pasiones.
Permanecen timos y especulaciones porque no se ha modificado nada de ese “edificio financiero” que, parafraseando a John K. Galbraith, en realidad es un “estado mental” en trance permanente, que lo mismo crea enemigos que apela a “fundamentos” sin asideros.
En nuestro país, como otras simulaciones globales, la “reforma fiscal” difundida como el último grito de la ingeniería ignoró la propuesta del priismo opositor de ir por cerca de 600 mil millones de pesos por impuestos que nacionales y transnacionales evaden al año y, por supuesto, no dejó su correa de perro domesticado para ir con fiereza (fiscal) contra “inversionistas” y toda la fauna que no aporta casi nada a la economía productiva y menos a la hacienda pública. Los lamentos continuarán.

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