LOS SONÁMBULOS: CUMBRES BOCHORNOSAS

Por Jesús Delgado Guerrero

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Como estimulante del autoengaño intencionado, los “gobernantes” de las naciones reconocen que la situación económica mundial es igual de crítica que cuando estalló el fraude financiero con las hipotecas subprime en Estados Unidos en el año 2008, pero ninguna medida inmediata se deslizó para poner freno a especuladores y evasores fiscales.
Como ha sucedido en cada “cumbre” del G-20 y otras de pompa similar, se “profesó culpa para darse crédito por el pecado”, es decir, que la depredación financiera podrá continuar su desmesura e irracionalidad.
En cambio, en la reciente reunión celebrada en China se apeló al mito del crecimiento económico (matizado ahora con el término “incluyente”, esto es, darle algo más que despensas, becas, consultas sin casi medicinas a los miles de millones de jodidos para “corregir” casi cuatro décadas de exclusión del dogma del Ogro Salvaje y su populismo filantrocapitalista) y, ante espectros proteccionistas, el impulso del libre mercado.
Al respecto, cuando se lee que la firma Apple no pagó 13 mil millones de euros a Irlanda (paraíso fiscal) pues sólo cubrió una tasa de entre el 0.005 por ciento en 2014 y el 1.0 por ciento en 2003 por los beneficios de las ventas de sus iPhone y otros dispositivos (500 dólares por cada millón de dólares, a cambio de una evasión similar al presupuesto anual de salud en ese país); cuando en nuestro país el “espíritu animal” se lleva, tan sólo en lo que va del año, 11 mil millones de dólares en bonos del gobierno (212 mil 662 millones de pesos, es decir, casi el recorte presupuestal del año próximo) o cuando se difunde que empresarios y ciudadanos mexicanos sacaron 71 mil 908 millones de dólares en lo que va del sexenio (81 por ciento de la deuda externa, sin pago al fisco), el autoengaño de anunciar freno a especuladores y evasores es ya un acto de mala fe.
Ese libertinaje es el resultado de tratados internacionales conocidos como de “doble imposición”, que al final son de doble evasión pues las multinacionales y especuladores buscan donde pagar menos o nada de impuestos, como observó el economista Gabriel Zucman (“La Riqueza Escondida de las Naciones”, Siglo XXI, p.127) al tiempo de reportar pérdidas en su países de origen o procurar refugios en paraísos fiscales.
“Gobernantes” de rodillas, por eso se mantiene la receta de la “amarga austeridad”, como en nuestro país, recortando fondos en el ámbito social para, eso sí, priorizar el pago de parte de la deuda con una asignación de casi 30 mil millones de dólares (568 mil millones de pesos, casi el doble del recorte del 2017, previsto en 240 mil millones de pesos)
Parafraseando a la “Brontë” en sus “Cumbres Borrascosas”, si los rezos de salvación son una enfermedad de la voluntad, en materia económica la fe es una enfermedad “intelectual”: la depredación a cualquier costo.

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